Materialak berreskuratzea ingurumena babesteaz gain, ekonomia indartzeko era

(DV-tik hartua)

Los residuos comienzan a crear la industria del siglo XXI en Gipuzkoa

Eko-REC, con 104 empleados y referente europeo, transforma 25.000 toneladas de plástico al año
La empresa de Andoain convierte botellas en artículos para automoción o alimentación, planea invertir 2 millones en I+D y conformar con CICs y universidad un potente polo de investigación

La industria siderúrgica vasca, sustento y referente del tejido productivo de Euskadi, no sería lo mismo si un día del siglo XX un grupo de avispados empresarios no hubiera pensado que importando chatarra -tras comenzar a escasear el mineral virgen- se podían confeccionar productos de acero de gran calidad para diversos sectores, sobre todo la construcción. Hoy en día, más de un siglo después, siguen llegando a puerto barcos repletos de residuos metálicos que son transformados en producto avanzado y se comercializan en todo el mundo. Pues bien, ese fenómeno se puede repetir en el siglo XXI con otro material algo más corriente y, sobre todo, más masificado: el plástico.

Como cubos prensados repletos de hierros retorcidos que descansan en los solares aledaños a las acerías a la espera de ser fundidos y recibir una nueva forma, balas llenas de botellas de plástico de Coca-Cola, agua o hasta cerveza se apilan en los exteriores de la planta de Eko-REC en Andoain. Siendo sinceros, nuestra admiración por la industria pesada nos lleva a quedarnos boquiabiertos cuando vemos cantidades ingentes de hierro, aunque esté roñoso; y nuestra educación, por inercia, nos empuja a taparmos la nariz y respirar por la boca en cuanto nos acercamos a lo que parece más un vertedero que una planta productiva de donde pueda salir nada medianamente comercializable. Pero nada más lejos de la realidad.

Como aquellos que hace cien años apostaron por transformar chatarra en acero y reforzar la industria, en Gipuzkoa ya se han dado los primeros pasos para hacer de la transformación de los residuos una industria con futuro, creadora de puestos de trabajos de calidad, innovadora y con arraigo. De momento, se dan los primeros pasos en una empresa que apenas tiene tres años de vida, pero que convierte al año 25.000 toneladas de plástico PET (politereftalato de etileno) en bandejas para alimentación o en componentes para la automoción -entre otras cosas-.

La mayoría de lectores estarán calculando cuánto suponen esas 25.000 toneladas de botellas de plástico. No piensen más, aquí tienen algunas referencias. Son aproximadamente dos billones -con b- de botellas de agua o refrescos, lo que llenaría 14 estadios como Anoeta con una capa de un metro de bidones y botellines. ¿Se hacen una idea de la cantidad de residuos a los que se les da una nueva vida y no se llevan a vertederos o se incineran y las emisiones de CO2 que se evita que sean emitidas a la atmósfera? Pues todo ello, además, haciendo negocio, creando industria y empleo de calidad.

Un grupo de empresarios guipuzcoanos, con Santiago Barba en la dirección, arrancaron con este proyecto hace tres años en las instalaciones de la extinta fábrica de textiles andoaindarra Inquitex. «El objetivo era desarrollar una actividad en un mercado con futuro y de gran sensibilidad social», apunta Barba. Pasados esos primeros 36 meses, la empresa apunta a un crecimiento exponencial a corto y medio plazo y se ha convertido en referente del reciclaje de plásticos en Euskadi, con unas instalaciones que son capaces de producir lámina de PET y fibra de poliéster 24 horas al día los siete días de la semana. «Somos la única empresa en Europa que compagina el reciclado con la producción de ambos materiales», añade su director general.

Importar residuos

En estos momentos, la fábrica de Andoain recibe el 30% de los residuos de plástico que se generan en España y además se nutre de envases importados de otros países europeos como Reino Unido, Alemania o Francia. ¿Importamos basura? «Sí, se importan residuos y se exportan productos transformados, ya que, por suerte, nuestra flexibilidad ha hecho que tengamos una gran aceptación en el mercado», señala Barba.

En el caso de la fibra, al día se fabrican 25 toneladas de poliéster, o lo que es lo mismo, 33 millones de kilómetros de hilo que salen de machacar y fundir cuatro millones de botellas de colores -con las transparentes se hacen las láminas de PET para bandejas-. «Al año en toda Europa se equipan 1,5 millones de coches con producto que sale de Eko-REC», confirma su director. Las alfombrillas de su vehículo y la bandeja del maletero estarán, con toda seguridad, hechas en el material que esta empresa guipuzcoana produce, ya que trabaja para las grandes marcas de automóviles.

Eko-REC tiene por objetivo liderar la creación de un potente sector del reciclaje en Gipuzkoa. «Somos punta de lanza en tecnología y capacidad productiva. Nosotros debemos liderar el mundo del reciclaje para que no sea un mundo de futuro, sino una realidad del presente», destaca Barba. Para ello confirman que se encuentran en contacto con la Diputación, «ya que su idea de tratamiento de residuos encaja perfectamente con nuestra proyección», y con el Gobierno Vasco.

Desde la compañía confirman también que se encuentran en el inicio de las conversaciones con centros de investigación en Euskadi y con la UPV/EHU para «crear un centro potente de I+D en torno al reciclaje. Queremos llegar a acuerdos, que los esfuerzos conjuntos nos lleven más lejos y colocar al País Vasco también en la vanguardia de esta industria», añade Barba.

Doblar la plantilla

Pero a la espera de dar esos pasos junto a otros agentes públicos o privados, Eko-REC ya ha marcado sus objetivos para los próximos años en los que descarta cualquier otra posibilidad que no sea la de crecer. La firma ha puesto en marcha un proyecto de inversiones que alcanza los 9,5 millones en los próximos cinco años. «Destinaremos, al menos, dos millones de euros de nuestros resultados en los próximos tres o cuatro años a la I+D», confiesa también Santiago Barba. En una de sus naves disponen de una instalación en la que a primera vista el visitante observa poliéster de diferentes colores, microscopios y muchos componentes para analizar la calidad del producto y estudiar nuevas utilidades. «No debemos temer que haya competidores que sean capaces de hacer este proceso, sino que hay que conseguir que nuestro producto sea mejor que el que ellos puedan realizar y no podemos dejar de estar en cabeza», advierte el director general de Eko-REC.

Eso, ¿qué supone? Pues que entre otras cosas estén investigando en un tipo de poliéster que sea ignífugo para poder utilizardo, por ejemplo, en el sector naval. O el trabajo con nanocomponentes. O lo que es más importante si cabe, que de todos los residuos de plástico que llegan hasta la fábrica se pueda elevar su reciclabilidad del 70% actual. Quizá al 80% o puede que a un 90%. «Va a ser muy difícil que el 100% se pueda reciclar. Por ejemplo, hay un tipo de plástico de mezcla que lo suelen utilizar para que los zumos no se estropeen y no es posible reutilizarlo. Quizá deberíamos investigar para conseguir que ese material tenga un segundo uso», señala Barba.

Los socios de Eko-REC esperan acabar 2015 con unas cifras de facturación de 15 millones de euros, gracias a un 30% de exportación de sus productos. El próximo año, se marcan como objetivo elevar esa cifra de ventas exteriores hasta el 50%. «Exportamos a Alemania, Reino Unido, Francia y Bélgica en Europa y lámina para alimentación también a Marruecos. Pensamos que el mercado del norte de África tiene potencial para nosotros y también Turquía», apunta Barba.

Ese incremento exportador debe hacer posible que la facturación crezca el próximo año un 30% hasta alcanzar los 20 millones de euros. Y si la tendencia continúa en la misma senda, la plantilla que ahora está compuesta por 104 trabajadores se podría duplicar en cinco años. No es algo impensable, ya que la compañía inició su actividad en 2012 con 25 empleados.

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